Si nos quedamos exclusivamente con lo que nos dan la mayor parte de los medios de comunicación masivos electrónicos como la radio, la televisión e Internet, vamos directo a empobrecimiento mental y al entontecimiento absoluto. El libro es necesario, no importa la forma física que adopte. No es cierto que una imagen valga más que mil palabras. No solo porque su significado sea ambiguo y esté sujeto a interpretación –esto ocurre también con cualquier texto- sino porque el lenguaje humano es el medio del sentido humano y la escritura –el más importante invento de la humanidad puesto que posibilita todos los demás- es el único modo que tenemos de elaborar, ampliar, diversificar y profundizar ese sentido, es decir, el pensamiento humano, a niveles cada vez más altos, lo que requiere tanto de la lectura de textos anteriores como la generación de textos nuevos, de extensión mayor que lo que, expuestos oralmente, la radio o la televisión pueden transmitir o una página web puede mostrar en pantalla.
No solo la cultura intelectual, también la de los sentimientos requiere de la escritura y de la lectura, pues la imagen nos da sólo el lado externo de las cosas, cuyo lado interno, la experiencia subjetiva correspondiente, sólo puede ser generada, formulada, aprehendida y expuesta lingüísticamente. Por tanto, los medios solos, no. Por esto es un imperativo poner los libros en las manos de todos.
No solo la cultura intelectual, también la de los sentimientos requiere de la escritura y de la lectura, pues la imagen nos da sólo el lado externo de las cosas, cuyo lado interno, la experiencia subjetiva correspondiente, sólo puede ser generada, formulada, aprehendida y expuesta lingüísticamente. Por tanto, los medios solos, no. Por esto es un imperativo poner los libros en las manos de todos.
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