martes, 8 de abril de 2008

La fascinación que emerge de la lectura de Nietzsche procede de que advertimos la presencia de una poderosa fuerza espiritual que nos invita a equipararnos a ella y a sobrepasarla. Pocos espíritus nos proponen metas tan elevadas y tan difíciles. Optar por vivir para algo menor que esto es optar por menos vida. ¿Por qué tendría que conformarme con menos? Él no se conformo. Y esta fuerza de autoafirmación es la signatura de su obra.

Nietzsche declaró la guerra a la debilidad, no a los débiles. La expresión de que “se les ayude a bien morir” es una expresión hiperbólica. Para interpretarla ¿a qué hemos de acudir: a la letra o al espíritu de la letra? Yo prefiero acudir al espíritu. Nietzsche propugnaba por un ideal de hombre generoso, rico en cualidades y virtudes, exento de vileza, creador de valores, el “sobrehumano” Una de las virtudes de este tipo de hombre, esencial, sería la generosidad. Para un hombre así, acabar con la debilidad no es liquidar físicamente a los débiles, sino aniquilar en ellos el espíritu de debilidad, fortalecerlos, luchar sin concesiones contra las condiciones que los hacen débiles, que los mantienen débiles, que se alimentan de su debilidad. Por esta razón Nietzsche atacó a la iglesia y a la moral religiosa, al arte religioso, al pensamiento metafísico, es decir, religioso.

El cristianismo ama a los débiles como tales, para ellos será el reino de lo cielos, por ello los débiles deben aceptar su condición y regocijarse con ella, es decir, conformarse. El cristianismo ha sido, sin lugar a dudas, instrumento del sometimiento mental de los sojuzgados, de los dominados, de los débiles. El cristianismo quiere mantenerlos en su calidad de tales, así los ama, así los ensalza. Los mentalmente fuertes son malos, los poderosos espiritualmente son reprobables, puesto que no aceptan ser sometidos mentalmente. Que el ser humano se plantee las preguntas más importantes sobre su existencia y que las responda por sí mismo y que viva de acuerdo con su propia respuesta, nada hay, para las iglesias, más execrable.

Nietzsche mismo era débil, sus condiciones físicas se vieron mermadas muy pronto, y, sin embargo, él se sobrepuso a ellas durante años y creo una obra de inmenso valor ético, intelectual y espiritual; Nietzsche se dejo abatir por esa debilidad, su espíritu galvanizó su cuerpo y lo sostuvo hasta un límite increíble. ¿Cuánto podría haber, tan miopes como él lo era, que podrían leer y escribir copiosamente durante veinte años, a pesar de los intensos dolores de cabeza que debió atravesar por su persistencia? Sabía lo que traía entre manos. Y fue la conciencia del valor de la empresa en que se embarcó la que lo motivo a sostener tan durísima batalla. Cuando se entiende esto, se le ama. Y se sabe que es una idiotez sostener que Nietzsche abogaba por la liquidación de los débiles y que los horrendos crímenes nazis fueron inspirados por él.

No hay comentarios: