Hace un par de años, el Dr. Fernando Leal desarrolló, en el contexto de las Cátedras Nacionales, un curso sobre la teoría, sus uso y abuso en las ciencias sociales. Este curso era necesario porque, en nuestro medio académico, la palabra "teoría" es usada, verdaderamente, con una vaguedad espeluznante. Poca claridad se tiene sobre lo que es una teoría, sobre los elementos y estructura de la teorías. Se la piensa como interpretación, como construcción, como cuerpo conceptual, etc. Pero rara vez se encuentra una caracterización más o menos exacta. El Dr. Leal fue exacto y duro. Tomó, como base, la concepción de teoría de Georg Homans, que dice explícitamente lo que otros textos, incluso bien centrados en la cuestión, suponen. Una teoría es un argumento con intención explicativa, un razonamiento cuyas premisas explican, es decir, dan cuenta o razón, de algo afirmado en la conclusión. Lo explicado puede ser un hecho o acontecimiento singular o una determinada clase de hechos o acontecimientos.
Sin embargo, esto no supone inmediatamente una mayor claridad sobre la cuestión porque supone conocimientos que quizás faltan. En este caso, conocimientos de lógica, conocimientos que deberían ser suministrados a los estudiantes en el bachillerato, pero que no lo son -esta es mi hipótesis personal- orque desde hace décadas la enseñanza de la lógica simbólica en el bachillerato desplazó a la enseñanza de la lógico formal tradicional, en la que se exponían una serie de ideas sobre las definiciones, los conceptos, los juicios o proposiciones y los razonamientos, sus formas y estructuras. Debido a esto la afirmación de que una teoría está formada por proposiciones no significa para muchos por principio todo lo que debería significar: que una proposición es un acta con respecto a la cual tiene sentido la cuestión de su verdad o falsedad. Esto es básico y fuindamental, porque si no se tiene claro esto no es posible discernir la diferencia entre lo que es efectivamente una teoría y lo que el Dr. Leal denomina el "blablabla", que predomina incluso en buen parte de los planteamientos, al menos al inicio, de los estudiantes del doctorado en ciencias sociales de la Universidad de Guadalajara, incluido en los posgrados de excelencia de Conacyt.
En este sentido, este aspecto de la labor del Dr. Leal tiene seguramente un gran valor como contribución al elevamiento del nivel de claridad intelectual en el ámbito de las ciencias sociales en nuestro medio académico.
Deplorable es, a mi juicio, que a este curso no hayan asistido la mayoría de los investigadores de izquierda del CUCSH. Les hubiera hecho mucho bien. Sobre todo porque creen que no lo necesitan, lo que es totalmente falso. Y lo lamento porque la claridad y la profundidad mental es algo que deseo en todo aquel que piensa para cambiar la realidad, que no es poca cosa y que en cuanto intención implica enorme responsabilidad. No asisten, creo, porque piensan -si a eso se le puede llamar pensar- que el Dr. Leal es hombre de derecha y un positivista. Ambas apreciaciones son aberrantes. El Dr. Leal es, ante todo, un pensador crítico. Esto es lo que, por principio, debería de bastar a todos aquellos que buscan interlocutores que potencien su capacidad de entendimiento y aprendizaje, independientemente de para donde tirén en sus opciones políticas e intelectuales. No estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero lo que dice me genera dudas y me mueve a investigar. Pocos en este medio suscitan esto en mí. Por eso le respeto y celebro que contemos con él.
Sin embargo, esto no supone inmediatamente una mayor claridad sobre la cuestión porque supone conocimientos que quizás faltan. En este caso, conocimientos de lógica, conocimientos que deberían ser suministrados a los estudiantes en el bachillerato, pero que no lo son -esta es mi hipótesis personal- orque desde hace décadas la enseñanza de la lógica simbólica en el bachillerato desplazó a la enseñanza de la lógico formal tradicional, en la que se exponían una serie de ideas sobre las definiciones, los conceptos, los juicios o proposiciones y los razonamientos, sus formas y estructuras. Debido a esto la afirmación de que una teoría está formada por proposiciones no significa para muchos por principio todo lo que debería significar: que una proposición es un acta con respecto a la cual tiene sentido la cuestión de su verdad o falsedad. Esto es básico y fuindamental, porque si no se tiene claro esto no es posible discernir la diferencia entre lo que es efectivamente una teoría y lo que el Dr. Leal denomina el "blablabla", que predomina incluso en buen parte de los planteamientos, al menos al inicio, de los estudiantes del doctorado en ciencias sociales de la Universidad de Guadalajara, incluido en los posgrados de excelencia de Conacyt.
En este sentido, este aspecto de la labor del Dr. Leal tiene seguramente un gran valor como contribución al elevamiento del nivel de claridad intelectual en el ámbito de las ciencias sociales en nuestro medio académico.
Deplorable es, a mi juicio, que a este curso no hayan asistido la mayoría de los investigadores de izquierda del CUCSH. Les hubiera hecho mucho bien. Sobre todo porque creen que no lo necesitan, lo que es totalmente falso. Y lo lamento porque la claridad y la profundidad mental es algo que deseo en todo aquel que piensa para cambiar la realidad, que no es poca cosa y que en cuanto intención implica enorme responsabilidad. No asisten, creo, porque piensan -si a eso se le puede llamar pensar- que el Dr. Leal es hombre de derecha y un positivista. Ambas apreciaciones son aberrantes. El Dr. Leal es, ante todo, un pensador crítico. Esto es lo que, por principio, debería de bastar a todos aquellos que buscan interlocutores que potencien su capacidad de entendimiento y aprendizaje, independientemente de para donde tirén en sus opciones políticas e intelectuales. No estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero lo que dice me genera dudas y me mueve a investigar. Pocos en este medio suscitan esto en mí. Por eso le respeto y celebro que contemos con él.
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