No lo puedo evitar. La infantilidad mental de los creyentes me da risa. Además, me molesta. Me encanta la forma como Bill Maher ridiculiza la historia de Jesús. Dios tiene un hijo (que es él mismo) y manda a una paloma (que es él mismo) a avisarle a una mujer que va a concebir al hijo de Dios (que es el mismo), quien ya en la cruz reclama a su padre (que es él mismo) por haberle abandonado (es decir, se ha abandonado a sí mismo). Es hilarante. Pero los creyentes dejan a un lado todo sentido correcto de entendimiento para admitir esa bufonada. Pascal dijo que el corazón tien razones que la razón no comprende. Es decir, deja a un lado tu inteligencia y cree historias estúpidas porque algo en tu corazoncito dice que se siente bonito creerlas. Nietzsche lamentaba justamente la corrupción de la razón de Pascal por el cristianismo. Que un tipo genial tenga que torturarse mentalmente para dar sentido al sinsentido es aberrante.
Que las historias religiosas fuesen creídas en los tiempos en que aún no se sabía como funciona el mundo puede comprenderse. Si ciento de millones de personas todavía las creen es debido a la ignorancia. Se arguye en contra el hecho de que ha habido eminencias que son creyentes. Pero, ¿quienes son tales eminencias? ¿Los teólogos? ¿Los filósofos? ¿O los científicos? Una base de conocimientos medianamente sólida sobre la estructura del universo, la vida y la mente es una respuesta abrumadoramente más satisfactoria a las preguntas existenciales que se pueda formular una persona. Esta respuesta no puede satisfacer a quien no la entienda. Lo que remite de nuevo al estado de ignorancia de la mayor parte de la población humana del planeta. Esta ignorancia no es responsabilidad de cada individuo. No, al menos, en la primeras etapas de la vida. Pero si en estas no se ha adquirido lo necesario, el mal está hecho.
Todos necesitamos educación. Pero, ¿para qué educar a la gente? ¿Para la libertad, la cooperación y la creatividad? ¿O para la obediencia, la competencia y la eficiencia? Esta es la cuestión. El conocimiento es poder. Por esta razón, los poderosos de hoy quieren mantener a la mayoría en la ignorancia, tanto de los conocimientos científicos como de buena parte -la más importante, la relativa a sus decisiones- del acontecer del día en que el que se juegan los destinos humanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario