domingo, 20 de mayo de 2007

Comentarios sobre la expresión “transformar el mundo”.

Cuando les escucho hay muchas cosas que quedan resonando en mi mente; quisiera decirles más cosas de las que digo, pero no hay tiempo ni creo tener especial derecho a que escuchen lo que pudiera decirles. Sin embargo, surgen en mi mente ciertas apreciaciones sobre algunas ideas expresadas por ustedes que quisiera transmitirles porque creo que pueden clarificar alguna cuestión de cierta importancia. Trato de ser una persona reflexiva, y creo que una persona reflexiva se pregunta por el significado de las cosas que se dicen o hacen en vez de darlo por supuesto para luego aceptarlo o rechazarlo. Actuar así requiere tomarse tiempo para sopesar las cosas. Mucha gente considera que gastar el tiempo así es desperdiciarlo. También al estudiar algo hay que actuar así. Creo que como no siempre estamos convencidos de que valga la pena estudiar así en vez de hacer otras cosas, a eso de debe que muchas veces nuestra forma de estudiar sea insuficiente. Pero las personas que se interesan por la vida humana y las cuestiones sociales deben de ser reflexivas en un grado mayor que las demás. Para lograr esto la comunicación y examen detallado de las ideas es necesario. Hay argumentos muy sólidos para sostener que la reflexividad sólo se puede aprender dialogando con los demás. Vygotsky, uno de los psicólogos más importantes del siglo, observó que los niños tienen que hablar solos antes de poder pensar sin hablar, y estudios neurolingüísticos recientes revelan que si se impide el habla subvocal mientras se lee la comprensión de lo leído disminuye.

Quisiera hacer algunas consideraciones sobre la expresión “transformar el mundo”. En la sesión del miércoles se abordó la cuestión de sí está al alcance de nuestras capacidades transformar el mundo. Escuché algunas cosas acertadas, pero no se cuestionó la expresión misma. Creo que debe ser cuestionada porque dicha expresión se ha convertido en un lugar común, controvertido ciertamente, pero que en cuanto lugar común al usarlo ya no se piensa lo que tal expresión significa con exactitud. Esto es lo que quisiera clarificar. Y quiero transmitirles estas reflexiones porque creo que tiene que ver con el sentido de estudiar las teorías sociales que son el objeto del curso que toman conmigo.

La expresión “transformar el mundo” tomó auge debido a que Marx planteó que la filosofía se había limitado a transformar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo. Esta tesis es la última de las Tesis sobre Feuerbach. En este escrito de página y media, Marx hacía un balance general sobre la forma de hacer filosofía antes de él y mostraba sus limitaciones. La filosofía anterior, sobre todo en la forma dominante en esa época, la de Hegel, era cosmovisiva, es decir, se concebía la filosofía como una weltanschauung, una cosmovisión o concepción del mundo que sintetizaba la suma de los conocimientos de las diversas disciplinas y lo exponía dentro de un esquema explicativo en el que cada aspecto del mundo hallaba su lugar. Esta forma de hacer filosofía era, para Marx, obsoleta. A esto se refiere Marx con la primera parte de la tesis. Sin embargo, la segunda parte es equívoca, porque la primera parte se refiere efectivamente al mundo en general, mientras que la segunda no.

La noción de mundo se refiere a varias cosas. Primeramente, a la naturaleza, tanto en un sentido planetario como cósmico. En segundo lugar, al mundo sociocultural y sus soportes materiales que hemos creado. Y por último, a las personas que habitamos en ambos. ¿Se refería Marx a todo esto? Repito, sí en la primer parte de la tesis, pero no en la segunda. En el contexto de las Tesis sobre Feuerbach la expresión “transformación del mundo” no se refería al mundo en general, como si se refería, en cambio, la expresión “interpretación del mundo”. Con “transformar el mundo” Marx se refiere al mundo social, no al mundo natural. Y el mundo social no en todos los aspectos, sino en el aspecto que él consideraba esencial para remediar los males que surgen de la desigualdad y de la pobreza: el sistema de las instituciones económicas y políticas del capitalismo. Si Marx no especificó más la expresión “mundo” fue por una sencilla razón retórica: porque de esa manera la contraposición entre interpretar y transformar adquiría más fuerza. Si hubiera especificada más la noción de mundo el aforismo hubiera adquirido un carácter más explicativo y hubiera perdido contundencia. Para captar esto claramente, hay que pensar que los textos no son expresiones neutras de ideas puras, sino formas de intervenir en la realidad humana desde ciertas posiciones y con ciertos objetivos, y que todo texto es escrito en función de un determinado tipo de lectores a los que el autor se dirige intencionalmente. Además, Marx era un gran estilista, y era capaz de escribir textos con una elevada calidad literaria porque Marx dominaba un arte que hoy no se valora mucho, la retórica, que no es el arte de embaucar a la gente, como se entiende ahora, sino el arte cuyo dominio permite expresarse con mayor fuerza y eficacia para convencer al lector o al oyente. Los textos de Marx, aunque rigurosos y exigentes intelectualmente, no son de estilo académico. Él decía de sí mismo que era un revolucionario en primer lugar y en segundo un hombre de ciencia.

Por otra parte, la tesis de Marx no se refería a cambiar las personas directamente porque él concebía las personas son producto del determinado conjunto de relaciones sociales en que participan y a cuya reproducción o transformación contribuyen; al cambiar esas relaciones, los seres humanos cambiarían. Esta relación no es unilateral. Marx también tenía claro que los seres humanos no son productos pasivos de las circunstancias sociales, sino seres activos que responden a ellas de diferentes maneras. También sabía que es necesario que un pequeño grupo de personas tome la iniciativa de inducir e introducir cambios en el orden de las ideas y de las prácticas para iniciar los procesos de cambio hacia algo mejor que imaginan y proyectan, pero que no pueden ser obra sólo de ese grupo sino una creación colectiva. Entender conjuntamente ambos aspectos y analizar los procesos sociales y humanos integrando ambas perspectivas es pensar dialécticamente, que es lo que Marx aprendió de Hegel. El marxismo vulgar, por el contrario, sostiene que esos cambios son un producto automático debido a ciertas leyes sociales objetivas, transindividuales, que se imponen en la evolución histórica. La identificación de Marx con este marxismo vulgar es lo que ocasionó el descrédito intelectual del marxismo, aunado a la identificación de Marx con el autoritarismo burocrático de los regímenes que se autodenominaban socialistas y que no tenían, ciertamente, ningún respeto por las personas.

Quisiera agregar que yo creo que no se puede uno proponer cambiar directamente a las personas en un sentido definido exclusivamente por nosotros, aunque estuviera justificado desear algo así. Actuar así se me hace aberrante, falto de respeto y puede llegar a ser autoritario. Lo que uno puede hacer es mostrarles opciones y luchar para crear y/o modificar las instituciones existentes de modo que se cambien las condiciones desfavorables por otras más favorables para que elijan mejores opciones según su criterio. A esto se refería Rosa Luxemburgo, la más grande revolucionaria que dio el marxismo, cuando dijo que las masas sabían lo que querían y que el partido debía seguir a las masas y no las masas al partido; estas son, a mi juicio, las premisas del socialismo democrático.

MEDITACIONES SOBRE LAS VIRTUDES

  • Se podría pensar que las virtudes sólo se aplican en los asuntos superlativamente importantes o en las grandes ocasiones; nada más falso. Las virtudes son o deberían ser pan de todos los días, pues cada día hay una gran cantidad de situaciones en las que nuestras acciones tienen un sentido ético y en las que nuestra acción es buena o mala éticamente hablando. En consecuencia, todos los días están en juego posibilidades de actuar virtuosa o viciosamente. Tanto la virtud como el vicio se construyen y refuerzan día a día según que actuemos a favor o en contra de lo que la noción de las diversas virtudes prescriben. También es cierto que cada día se nos presenta la opción de actuar en contra de nuestras tendencias habituales. Para el virtuoso cada día hay posibilidades de no actuar según el sentido de la virtud: cada día corre el riesgo de perder sus virtudes. Para el vicioso cada día hay posibilidades de actuar de acuerdo con lo que indica la virtud y, por tanto, de comenzar a construir sus virtudes. Al construir su virtud el virtuoso se edifica a sí mismo. Al seguir con sus vicios el vicioso se pierde a sí mismo cada día. La virtud es el camino ascendente. Por eso es difícil seguir tal camino: se gasta más energía a subir que al bajar. El vicio es el camino descendente. Por eso hay tan pocos virtuosos y por eso el mundo humano es tan mediocre. Si la buena vida humana es la que asciende y trasciende, entonces el camino de la buena vida es el camino de la virtud. Y éste es un camino que se puede transitar diariamente y que diariamente debe ser transitado si queremos ser virtuosos.
  • He aquí un ejemplo de cómo en las situaciones cotidianas está en juego la posibilidad de actuar virtuosamente. Como maestro quiero hacer un bien a mis alumnos: facilitar su aprendizaje, enseñarles a ser más reflexivos y a desarrollar su conciencia intelectual. Aquí está en juego la justicia. En su calidad de alumnos debo darles lo que les es debido. Si no lo hago así, soy injusto. Para darles lo que les corresponde, tengo que hacer el trabajo adecuado en una medida suficiente. Para lograr hacer este trabajo tengo que vencer la pereza y la distracción y no dejarme llevar por mis apetitos sexuales. Esto significa practicar la fortaleza y la temperancia como condición para lograr aquellos objetivos éticamente valiosos. Captar esta situación y resolver hacer lo que corresponde es cuestión de prudencia.
  • Ser virtuoso implica el desarrollo y ejercicio de varias virtudes al mismo tiempo, pues cada una de ellas requiere del apoyo de las otras. No se puede practicar una virtud aisladamente. El virtuoso tiene varias virtudes, no una sola.
  • El no darnos cuenta de que en muchas situaciones humanas existe la posibilidad y, en tanto queramos realizar el bien, la necesidad de actuar virtuosamente, es debido al hecho de que no nos percatamos del sentido ético de nuestra relación con los demás y con nosotros mismos que acompaña a esa situación. Esta inconsciencia hace que no nos preguntemos cómo debemos actuar en tal situación desde una perspectiva ética. El tender a hacer eso sistemáticamente significa actuar con prudencia. En este sentido ser imprudente significa vivir ignorante de la dimensión ética presente en muchas –si no es que en todas- situaciones humanas.
  • Las virtudes son expresión de inteligencia práctica, sentido del bien, capacidad de enfrentamiento de los acontecimientos negativos y autocontrol. Las virtudes son cualidades que se potencian a sí mismas: son expresión del sentido de ascendencia de la vida espiritual. La vida espiritual es creación de sentido, conocimiento, acción formadora y valor. La ley de la vida espiritual es una ley de autoexpansión, de acrecentamiento: el ser espiritual desarrolla polimorfas relaciones en el mundo recreándolo como mundo de sentido, como mundo con significado, susceptible de ser evaluado. La ley de la vida espiritual es una ley de comunicación, de comunión: el ser espiritual se desarrolla con otros, en un proceso de donación de bienes en una actitud de apertura al otro y de respeto a su ser como individualidad únicas y necesitada en un mundo común.

Filosofía

¿Qué hace el filósofo?

1

Genera ideas para explicar algunos aspectos especialmente importantes o significativos del mundo y de la vida.

2

Estudia con particular atención la cuestión de cuáles son los criterios válidos para juzgar en los diversos ámbitos de la existencia: cognitivo, ético, político, estético, etc.

3

Interpreta el sentido que tienen determinados fenómenos naturales o humanos para el ser humano, examinándolos dentro de un marco que abarca el conjunto del mundo.

4

Analiza finamente las ideas fundamentales sobre la realidad y el conocimiento, así como algunas de las elaboradas en distintas áreas del conocimiento, para hacer las tareas anteriores.

5

Observa con atención el mundo, la vida y a sí mismo para conocer y captar el ser y el sentido de todo lo que existe.

6

Se compromete a sí mismo con la idea de vivir irrestrictamente según los valores que elija para sí mismo, en los que cifra el sentido y el valor de su existencia individual como proyecto de existencia consciente e inteligente.