Cuando les escucho hay muchas cosas que quedan resonando en mi mente; quisiera decirles más cosas de las que digo, pero no hay tiempo ni creo tener especial derecho a que escuchen lo que pudiera decirles. Sin embargo, surgen en mi mente ciertas apreciaciones sobre algunas ideas expresadas por ustedes que quisiera transmitirles porque creo que pueden clarificar alguna cuestión de cierta importancia. Trato de ser una persona reflexiva, y creo que una persona reflexiva se pregunta por el significado de las cosas que se dicen o hacen en vez de darlo por supuesto para luego aceptarlo o rechazarlo. Actuar así requiere tomarse tiempo para sopesar las cosas. Mucha gente considera que gastar el tiempo así es desperdiciarlo. También al estudiar algo hay que actuar así. Creo que como no siempre estamos convencidos de que valga la pena estudiar así en vez de hacer otras cosas, a eso de debe que muchas veces nuestra forma de estudiar sea insuficiente. Pero las personas que se interesan por la vida humana y las cuestiones sociales deben de ser reflexivas en un grado mayor que las demás. Para lograr esto la comunicación y examen detallado de las ideas es necesario. Hay argumentos muy sólidos para sostener que la reflexividad sólo se puede aprender dialogando con los demás. Vygotsky, uno de los psicólogos más importantes del siglo, observó que los niños tienen que hablar solos antes de poder pensar sin hablar, y estudios neurolingüísticos recientes revelan que si se impide el habla subvocal mientras se lee la comprensión de lo leído disminuye.
Quisiera hacer algunas consideraciones sobre la expresión “transformar el mundo”. En la sesión del miércoles se abordó la cuestión de sí está al alcance de nuestras capacidades transformar el mundo. Escuché algunas cosas acertadas, pero no se cuestionó la expresión misma. Creo que debe ser cuestionada porque dicha expresión se ha convertido en un lugar común, controvertido ciertamente, pero que en cuanto lugar común al usarlo ya no se piensa lo que tal expresión significa con exactitud. Esto es lo que quisiera clarificar. Y quiero transmitirles estas reflexiones porque creo que tiene que ver con el sentido de estudiar las teorías sociales que son el objeto del curso que toman conmigo.
La expresión “transformar el mundo” tomó auge debido a que Marx planteó que la filosofía se había limitado a transformar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo. Esta tesis es la última de las Tesis sobre Feuerbach. En este escrito de página y media, Marx hacía un balance general sobre la forma de hacer filosofía antes de él y mostraba sus limitaciones. La filosofía anterior, sobre todo en la forma dominante en esa época, la de Hegel, era cosmovisiva, es decir, se concebía la filosofía como una weltanschauung, una cosmovisión o concepción del mundo que sintetizaba la suma de los conocimientos de las diversas disciplinas y lo exponía dentro de un esquema explicativo en el que cada aspecto del mundo hallaba su lugar. Esta forma de hacer filosofía era, para Marx, obsoleta. A esto se refiere Marx con la primera parte de la tesis. Sin embargo, la segunda parte es equívoca, porque la primera parte se refiere efectivamente al mundo en general, mientras que la segunda no.
La noción de mundo se refiere a varias cosas. Primeramente, a la naturaleza, tanto en un sentido planetario como cósmico. En segundo lugar, al mundo sociocultural y sus soportes materiales que hemos creado. Y por último, a las personas que habitamos en ambos. ¿Se refería Marx a todo esto? Repito, sí en la primer parte de la tesis, pero no en la segunda. En el contexto de las Tesis sobre Feuerbach la expresión “transformación del mundo” no se refería al mundo en general, como si se refería, en cambio, la expresión “interpretación del mundo”. Con “transformar el mundo” Marx se refiere al mundo social, no al mundo natural. Y el mundo social no en todos los aspectos, sino en el aspecto que él consideraba esencial para remediar los males que surgen de la desigualdad y de la pobreza: el sistema de las instituciones económicas y políticas del capitalismo. Si Marx no especificó más la expresión “mundo” fue por una sencilla razón retórica: porque de esa manera la contraposición entre interpretar y transformar adquiría más fuerza. Si hubiera especificada más la noción de mundo el aforismo hubiera adquirido un carácter más explicativo y hubiera perdido contundencia. Para captar esto claramente, hay que pensar que los textos no son expresiones neutras de ideas puras, sino formas de intervenir en la realidad humana desde ciertas posiciones y con ciertos objetivos, y que todo texto es escrito en función de un determinado tipo de lectores a los que el autor se dirige intencionalmente. Además, Marx era un gran estilista, y era capaz de escribir textos con una elevada calidad literaria porque Marx dominaba un arte que hoy no se valora mucho, la retórica, que no es el arte de embaucar a la gente, como se entiende ahora, sino el arte cuyo dominio permite expresarse con mayor fuerza y eficacia para convencer al lector o al oyente. Los textos de Marx, aunque rigurosos y exigentes intelectualmente, no son de estilo académico. Él decía de sí mismo que era un revolucionario en primer lugar y en segundo un hombre de ciencia.
Por otra parte, la tesis de Marx no se refería a cambiar las personas directamente porque él concebía las personas son producto del determinado conjunto de relaciones sociales en que participan y a cuya reproducción o transformación contribuyen; al cambiar esas relaciones, los seres humanos cambiarían. Esta relación no es unilateral. Marx también tenía claro que los seres humanos no son productos pasivos de las circunstancias sociales, sino seres activos que responden a ellas de diferentes maneras. También sabía que es necesario que un pequeño grupo de personas tome la iniciativa de inducir e introducir cambios en el orden de las ideas y de las prácticas para iniciar los procesos de cambio hacia algo mejor que imaginan y proyectan, pero que no pueden ser obra sólo de ese grupo sino una creación colectiva. Entender conjuntamente ambos aspectos y analizar los procesos sociales y humanos integrando ambas perspectivas es pensar dialécticamente, que es lo que Marx aprendió de Hegel. El marxismo vulgar, por el contrario, sostiene que esos cambios son un producto automático debido a ciertas leyes sociales objetivas, transindividuales, que se imponen en la evolución histórica. La identificación de Marx con este marxismo vulgar es lo que ocasionó el descrédito intelectual del marxismo, aunado a la identificación de Marx con el autoritarismo burocrático de los regímenes que se autodenominaban socialistas y que no tenían, ciertamente, ningún respeto por las personas.
Quisiera agregar que yo creo que no se puede uno proponer cambiar directamente a las personas en un sentido definido exclusivamente por nosotros, aunque estuviera justificado desear algo así. Actuar así se me hace aberrante, falto de respeto y puede llegar a ser autoritario. Lo que uno puede hacer es mostrarles opciones y luchar para crear y/o modificar las instituciones existentes de modo que se cambien las condiciones desfavorables por otras más favorables para que elijan mejores opciones según su criterio. A esto se refería Rosa Luxemburgo, la más grande revolucionaria que dio el marxismo, cuando dijo que las masas sabían lo que querían y que el partido debía seguir a las masas y no las masas al partido; estas son, a mi juicio, las premisas del socialismo democrático.