Me llama la atención el hecho de que algunas personas desconfíen de ciertas palabras por el hecho de que se les ha dado un uso que desaprueban, con o sin buenas razones. Por ejemplo, "causalidad". Hemos cuestionado la idea de causalidad lineal, la idea de que un suceso puntual, y sólo uno, acaecido en un momento dado, da lugar a el acaecimiento de otro en un momento posterior y no hay que tomar en cuenta nada más para explicarlo.
Sí, la idea es cuestionable. Procede de un entendimiento limitado de la explicación científica que procede por abstracción metodológica de las diferentes variables, de modo que se vea más claramente, la relación de dos cualesquiera de ellas. La realidad, por supuesto, es más compleja. Cualquier suceso es producto de una compleja combinación de factores o circunstancias. Además, las cosas formas sistemas en los que interactúan, de modo que la causa bien puede ser causa de sí mismo al ser causa de otra cosa. Causalidad no es, pues, sólo causalidad lineal.
El problema es que su identificación lleva a rechazar de cuajo una noción que es intelectualmente ineludible. Fácilmente pasamos por hecho de que nociones como ésta son producto de una profunda reflexión que capta su necesidad para nuestra comprensión de lo que acaece en nuestro mundo en torno. No significa esto que toda noción creada alguna vez tenga que ser necesaria por siempre.