domingo, 8 de julio de 2007

¿Cuál es el sentido de mi trabajo intelectual o, dicho de una forma menos pretenciosa, más ajustada a la realidad, pero aun así un tanto presuntuosa, de mis esfuerzos mentales? Cada día me esfuerzo mentalmente en torno a unos pocos objetos, a unas pocas cuestiones. No lo tengo que programar. Me ocurre. Son cosas que acuden a mi mente. Mi pensamiento está sustentado y es impulsado una sensación de desazón, de extrañamiento continuo ante muchas cosas de las que tengo noticia (que son siempre más que aquellas de las que tengo experiencia inmediata, como ocurre ahora a cualquiera).

Podría decir simplemente: es el estado del mundo lo que me inquieta constantemente, lo que me angustia a veces. Quisiera tener en mente un cuadro completo, exacto y con cierto detalle del mundo. Sin embargo, ¿qué valor puede tener habida cuenta de que muchas cosas cambian rápida e imprevisiblemente y de que una buena parte de lo que consideramos conocimiento probablemente es erróneo? Un mapa tiene valor en la medida en que te permite orientarte ¿adecuada?, ¿exitosamente? en su territorio. Además, el error está en suponer que dicho cuadro quedará inmovil, como si no se pudiera introducir modificaciones a través del tiempo. Se parte de un mapa básico y se lo completa, modifica, corrige, amplía, etc.

Esto me lleva a la siguiente cuestión: ¿cuál es la relación del pensamiento con el conocimiento? Es el pensamiento, no la mano, el que traza el mapa, el que compara con el territorio, el que modifica, introduce, elimina, detalla, operando sobre partes a veces grandes, a veces pequeñas, de su superficie. El territorio es el territorio. Es una tautología. Pero es todo lo que puede decirse sobre el territorio independientemente de lo que ya está consignado en el mapa. Excepto el asombro de advertir la discrepencia, la emersión de algo que en el mapa carece de correspondencia. A veces borrar algo del mapa es lo que posibilita dicha emersión.

Por otra parte, el conocimiento mismo es pensamiento. Como dice Adjukiewicz: pensamiento verdadero.